sábado, 11 de diciembre de 2010

1#

-Tía, sáltate las clases conmigo, anda. –Me decía Anastasia. Es la típica amiga, que solo te necesita para sus problemas.
-No enserio tía, no puedo. –Decía yo mientras me sujetaba mi flequillo rubio.
-Venga, no me jodas...
-Bueno, vale, pero solo hoy.-No podía resistirme a sus ojitos de pena, lo malo es que hoy era el día de recuento de faltas en mi clase, y hoy llegaría una carta con mis faltas, pero bueno, da igual, de todas formas no me entendían.
La mañana paso bastante aburrida, ya que yo con Anastasia no me juntaba mucho, la verdad, es que no me juntaba con nadie en especial, mejor sola, que mal acompañada.

-¡Buenas!  -Lo dije felizmente sin saber lo que me esperaba.
-¡¿Buenas?! ¡¿BUENAS?! ¡¿Pero tu quien te crees que eres niñata?! –Eso solo fueron las primeras palabras de una paliza que me dio mi padre, yo creía que era sin fin, como otras muchas, pero esta era peor, me dejo marcas en la cara.
Me acosté en mi cama llorando, se me corría el rimel por toda la cama, había manchado mi almohada, pero me daba igual, yo lo que quería es que parara todo esto. Hasta hace poco no me hice a la idea de que mi padre me maltrataba, pero una paliza detrás de otra, era sospechoso, pero aun así, no me atrevía a contárselo a nadie, mas o menos porque no tenia en nadie en que confiar. Sin saberlo, me quedé dormida.

-Piiiip,Piiiiip,Piiiiiip.
-eem, como?, Las ocho y cuarto? ¡¡¡¡No llego, no llego!!! –Grité, cogí unos pantalones negros rotos por la rodilla y una camiseta rosa de leopardo, encima me puse mi cazadora de polipiel, y me maquille como pude mientras me lavaba los diente, sin haber desayunado.

-Ui, que es esto? – había un colgante de cuarzo blanco colgado del pomo de la puerta, era muy bonito así que me lo puse, sin preguntar de quien era y me fui.
La mañana transcurría bien hasta que llegó el imbecil de Héctor. Héctor era el graciosillo que se metía conmigo.
-Tu, tu, rarita tapón, sobras de esta clase, mas bien, del instituto.
-Los que sobran son los gilipollas como tu. –No me pude aguantar y se lo dije.
-Mira nena, no me vaciles, que porque te sientas especial no eres util en este mundo. ¡Suicídate ya! –Resonaban las risitas de sus amigotes. Eso me puso furiosa.
-Mira gilipollas, me dices una palabra mas y te juro que no vuelves a dirigirme la palabra en la vida de lo hecho polvo que te voy a dejar.
-Tu, tu, rarita, que tu súper collar de repente se ha puesto negro..
-Bruja, bruja! Jajajaja- Se oía por el fondo.
-¿Como? –me mire el collar y si, estaba negro. Me asuste mucho, ya que seguía pareciendo cuarzo.
-Rarita, ¿y esos moratones? ¿Te los haces a ti misma para hacerte guay?
-Eso me causo, no se como definirlo, pero me entraron ganas de llorar, recogí mis cosas y me marche de clase. No pensaba saltarme las clases, pero quería desconectar, entonces miré mi piedra y estaba un color azul celeste, ya lo entendía, era una piedra de esas que cambian de color según tu estado de ánimo. Guay. A los dos segundo empecé a oír muchas voces, voces de chicos y chicas, me asome y no había nadie hablando, estaba delirando, así que decidí saltar la valla. Al saltarla ya no se oían esas voces, si no otras diferentes, cuando pasaba un abuelo oía:
-Tengo que ir a por Manuel a la escuela, se me había olvidado…-O si pasaba una mujer joven oía:
-Tengo que ir a comprar verduras, que estoy a régimen.

-¡¡Callaros ya todos joder!! – Entonces se callaron, todos me miraban, pero me di cuenta que cuando oía esas voces nadie movía la boca. Estaba leyendo los pensamientos de la gente. Confusa, extrañada, no se como decirlo, me fui a casa, no había nadie, vacié la mochila y me llené la mochila de ropa y pinturas. No sabía que la mochila diera tanto de si. Entonces cogi la puerta y… Me encontré a mi padre, mierda, justo tenia que ser mi padre.
-¿Que haces aquí Carolina? –Mi nombre entero solo lo usaba para echarme la bronca, normalmente Carol. Pero me gustaba más Carolina, Carolina Heaven.
-Pues me encontraba mal y me he venido para casa. –Toma, ya decía yo que tardaba mucho, ya me había pegado una hostia antes de acabar la frase. Después de una mini-paliza, solo hostias de contestaciones o cuando no decía nada.
-Vete a tu cuarto. Y no te quiero ver más. –Tranquilo, que no me verás más. Eso es lo que me había dado ganas de decirle. Pero me calle, me encerré en mi habitación, abrí la ventana, y ya que vivía en un bajo, salté.
No se que hacia, no se adonde iba, no se donde iba a dormir ni que iba a comer.

1 comentario:

  1. :o pobrecilla :( a mi si mis padres me hicieran eso me moria :( :o que hara ahora caROL ;P yo quiero un colgante de esos ;p
    Bueno que me ha encantado espero que publiques pronto y que ya te sigo , si quieres mira tu mis blogs :
    http://historiasdemiedoenuninstituto.blogspot.com
    (huyendo de las sombras)
    http://midiariomislocurasmimundo.blogspot.com ( segunda oportunidad de vivir)
    http://imagecom-albis.blogspot.com
    (nunca se es mayor para imaginar)
    publica pronto (L)

    ResponderEliminar