sábado, 18 de diciembre de 2010

4#

-¡Una araña! -Grité, era grande, peluda, y se dirigía hacia mí. Salí corriendo, aunque me dolía todo el cuerpo y me puse en la otra punta del vagón.
-¡Matarla ya por dios! –Gritaba como una loca.
-Pero si no hace nada, mirar. –Era una de las pocas veces que hablaba Alfonso, entonces vi como cogía la araña y tranquilamente me la acercaba.
-¡Quita Quita! ¡¡No me la acerques!!
-Es una tarántula, hay muchas en este tren, nada más que no habíamos visto ninguna en este vagón. No hacen nada, ¿Ves? La acaricio y no me hace nada.
-Pero, tírala por ahí, por favor… -Me sonrió, su cara era tranquilizante, y seguidamente lanzo la tarántula por la rendija que quedaba abierta de la puerta de hierro del vagón. Entonces sentí como el vagón se detenía, entonces Mirella me explico que tenía que hacer:
-En cuanto pare el tren, siempre bajamos de el, porque alomejor es este vagón el que tienen que desalojar. Cuando bajamos casi siempre tenemos hasta la noche para hacer cosas necesarias.
-¿Cómo sabéis que hasta la noche? –El plan se veía muy ajetreado.
-Leemos el pensamiento. Como no. –Soltó una carcajada. –Bueno, entonces vamos a alguna tienda y pues… Robamos un poquito, pero nada de descarado, yo por ejemplo hago que la gente me diga, “Toma 50 euros” O lo que lleve en el bolso o cartera, y Alfonso hace que se caigan maquinas de chicles o algo y recoge las monedas que salgan.
-¿Robar? No pienso robar… -Estaba indignada, íbamos a parecer vagabundos.
-¿Entonces como pretendes ducharte? ¿O donde vas a dormir cuando el tren se pase las noches en sitios que no conocemos? ¿Eh, eh? –Me interrogaba Víctor con su sonrisilla de malote.
-Bueno, bueno, pero yo no voy a robar nada, no soy así. –Me miraron los tres y me dieron la razón.
-Iremos los cuatro juntos, no vallamos a perdernos.- El tren ya se había parado, primero saltó Alfonso y ayudó a bajar a Mirella, Mas tarde bajó Víctor y con cara picara me dijo:
-Venga que te ayudo.
-No gracias. –Le guiñé un ojo irónicamente. Al bajar me caí y me manche la ropa.
-MIERDA. –Me levanté y orgulloso Víctor me soltó:
-Tú te lo has buscado. –Me levante y sin dirigirle la palabra seguí a Mirella y Alfonso.
-Tenemos que estar aquí a las nueve y media, el tren sale a las diez. De la noche, claro. –En ese día recaudamos unos trescientos euros a lo tonto, nos dirigimos a un balneario mixto, claramente nos compramos trajes de baño, porque desnudo no se iba a bañar nadie. Mientras estábamos dándonos un placentero baño en el jacuzzi Mirella gritó como una loca:
-¡Que son las diez menos cuarto! ¡Que son las diez menos cuarto! ¡No llegamos! –No tardamos ni un segundo en salir del agua. Nos secamos y vestimos muy deprisa y guardamos el dinero que nos sobró en la cartera que tenia Alfonso. A mi no me dio tiempo ni ha pasarme las planchas del pelo. Al llegar vimos que ya se estaba poniendo en marcha, corriendo se adelantó Alfonso que cogió de la mano a Mirella y subieron, yo no era mucho de gimnasia así que claramente que quedé atrás, ya pensaba que no iba a subir cuando Víctor miro hacia atrás, me miró, se paró en seco, me cogió como un saco de patatas, yo gritaba por si me caía, pero logramos subir, no sabia que le importara tanto.
-Por poco no subimos. –Dijo él jadeando. –Y mira a estos, ni se han dado cuenta, ya se están dando el lote. –Nos reímos, de repente vi como me miraba fijamente veía que se iba acercando poco a poco a mí, yo me quedé paralizada, entonces sentí como me retiraba el pelo de la oreja y me susurraba:
-Se te va a romper el Ipod, que lo he visto en tu bolsillo marcado. –Me quedé pasmada viendo como se levantaba y se acostaba en la cama mientras soltaba risitas. De pronto empecé a oír gritos de Mirella y Alfonso…

sábado, 11 de diciembre de 2010

3#

Creo que se me quedo cara de tonta al ver que me miraba intentando que yo no me diera cuenta, pero por mucho que lo intentaba no podía leer su pensamiento.
-Tienes que decirme lo que piensas. –Me dijo al oído, la verdad es que me asuste, no me lo esperaba.
-¿Porque no me lo dices tu? ¿No dijiste que me leíste hasta lo mas profundo de mis pensamientos? –Le conteste con vos de niña tonta, o eso me pareció a mi.           
-Sí, lo dije, era mentira, solo lo supe por tu colgante… ¿Y sabes porque no te digo lo que pienso? Porque cuando te miro, no me dejas pensar. -Me quedé paralizada, todo estaba ocurriendo tan deprisa… Justo en ese momento llegó mi salvación, Mirella.
-¿Algo de cenar?
-No, No gracias –Le dediqué una sonrisilla.
-No se porque intentas ligar conmigo, no me conoces. –Fue un acto reflejo, no me aguantaba más.
-Porque eres la única persona que me comprende, pero tranquila que yo no intento ligar contigo, ¡ni en sueños!
-¡Mas quisieras tenerme en tus sueños! – Me di media vuelta y me acosté en el colchón. De repente sentí como algo me tapaba.
-Tapate, que si no vas a coger frió. –Ví de reojo que tenía una sonrisilla en su cara.
A la mañana siguiente me despertó la luz del sol, me di media vuelta sin aun abrir los ojos y me apoyé a lo que tenia al otro lado, me creí por un momento que estaba en casa, y que apoyaba la cabeza contra la pared, pero una voz muy irritante para mi, me despertó del todo.
-¿Estas a gusto o que? –Abrí los ojos lentamente, mire a mi alrededor y vi que seguíamos en un tren en movimiento, mire a donde yo me había apoyado y, mierda, era el. Pegué un grito, no me acordaba que dormíamos juntos y le tire del colchón.
-Tampoco hay que ponerse así, si quieres me pongo una camiseta aunque haga calor y ay esta, pero me lo pides, no me tires de la cama directamente. –Se le escapo una sonrisilla mientras hablaba.
-Lo…Lo siento, no me acordaba de que estaba aquí. –Sentía realmente vergüenza. Entonces comenzamos a oír gritos, gritos de Mirella.
-¡Son ellos! ¡Son los Hunters! –Note como Víctor me agarraba y me escondía detrás de él. Yo no veía nada, pero a los pocos segundos vi como tres hombres vestidos con vaqueros y chaquetas de cuero saltaban al tren. No se como coño habrán conseguido ir tan deprisa.
-Vaya, Vaya. Con que aquí estáis. –Empezaban a haber nubes. Todo se estaba nublando, no se si era coincidencia o que, pero un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.
-¿Una chica nueva? Ya no sois el trío tan famoso, ahora solo soy un cuarteto. Vaya mierda ¿no? ¿Os vais a entregar ya o os vamos a tener que obligar?
-Como toquéis a la nueva os arranco la cabeza. –Vi un tono de furia en los ojos de Víctor, La verdad es que me molestaba que me trataran como la nueva, pero más me molestaba que se hubieran fijado en mí, cuando yo no sabía ni que hacer.
-Ui, que miedo. –Se supone que el del medio era el jefe, porque era el único que hablaba o que hacia risitas irónicas. Miro a sus dos compañeros y dijo tres palabras que me causaron mucho pánico.
-Traerme la chica. – En ese momento vi como Víctor se abalanzaba contra uno y le pegaba puñetazos hasta que le sangraba toda la cara, y mientras tanto como Mirella y Alonso usaban sus poderes contra el otro. Entonces me pareció como si se detuviera el tiempo veía a como el hombre, el jefe, se acercaba lentamente a mi, yo mientras intentaba escapar pero no podía, cuando menos me lo esperé me tocó la frente, y no me acuerdo de mas.
-Oh, mi cabeza...
-No te levantes Carolina. –Abrí los ojos y estábamos en el vagón.
-¿Qué ha pasado? –Me dolía todo, hasta al respirar.
-Pues mira chica, el tío mamonazo ese te hizo su táctica, el es de los nuestros, y caza, a los nuestros, su don es, cuando toca a alguien hace, lo que el quiere. Bueno, al lió, que te toco en la frente, tu te desmayaste, te cogió en brazos y bajo del vagón, a todo esto de que Víctor lo vio, corriendo  saltó, y le pego por la espalda, los dos caísteis al suelo, Víctor te cogió, y corriendo como nunca había corrido, se subió al vagón contigo, nos deshicimos de los muchachos y de la sangre y ahora, estas aquí. –Mirella hablaba tan deprisa, y tan mal que no me había enterado de absolutamente de nada.
-¿Espera que? No me he enterado de nada.
-Pues que te lo explique el mismo. –Me acaricio el pelo y se fue, al poco rato vino Víctor.
-¿Por qué hiciste todo eso por mi? –Le pregunte, no le entendía.
-Porque, ahora eres de los nuestros oficialmente, y por uno de los nuestros hago lo que sea. –Me sonrió y seguidamente cambio su cara a una expresión de espanto. Miré hacia la pared a la que el miraba y estaba allí, era horroroso.

2#

-I waited for you today, but you didn't show.. –Mierda el móvil, mi padre, ¿contesto? No, no. Bueno si.
-Di… ¿Dígame? –Dije con un hilo de voz.
-¿Donde estas? Ven ahora mismo a casa, que te vas a enterar, eres tonta o ¿que te pasa? Mira… -Corte a mi padre para hablar yo.
-Mira papa, ¿no decías que no que querías volver a ver? Pues yo no quiero que me vuelvas a pegar, así que vete a la mierda. –Colgué, no se porque mientras que hablaba me fui a la maquina del tren, era como si algo me arrastrara.
-¿Adonde vamos?
-A castellón. –Castellón, no se porque me atrajo la palabra y me quede a escuchar, de una un brazo me agarró y me metió dentro de un vagón abierto del tren.
-Pee… ¿Pero que? –Estaba confusa, no veía nada , solo oía una voz.
-Me llamo Víctor, y te he leído lo mas profundo de tus pensamientos, no me preguntes porque ni como. Pero tienes que venir con nosotros, eres de los nuestros…
-¿Cómo que de los vuestros? –No entendía nada, de repente una luz se encendió y aparecieron un chico  de pelo castaño con unas pocas mechas mas claras, ojos un color azul verdoso muy intenso, y llevaba un piercing en la ceja, Una chica morena, de pelo corto con unos ojos grandísimos, incluso yo me podía ver en ellos, totalmente negros, y estaba abrazada a otro chico rubio, muy alto y con cara sonriente.
-Tú, gracias al collar que llevas, puedes leer los pensamientos de la gente, pero también puedes hacer muchas mas cosas. Alfonso puede mover cosas con la mente, sea lo que sea. –Señaló a la pareja.
-Mirella puede controlar las mentes, es decir, si ella piensa en ti pegándote a ti misma, lo harás, quieras o no. Y yo, bueno yo, aun estoy buscando cual es mi don. Los tres podemos a la vez leer las mentes, y tú también puedes, por eso has de venir con nosotros.
-Pero, ¿adonde vais? –La verdad es que tenía miedo de que solo fueran una panda de locos, pero veía pureza en sus ojos, y eran las únicas personas a las que no podía leer su mente.
-No vamos a ninguna parte, este tren va a casi todas las parte de España y Francia, solo huimos.
-¿de que?
-De los “Hunters”. –Esa palabra de puso los pelos de punta.
-Y… ¿Y que son los Hunters?
-Son gente, gente que persigue a todas las personas que tengan algún don, como manejar el agua, el fuego, leer los pensamientos… Los cazan por así decirlo, porque dicen que son engendros que no deberían de estar sueltos por el mundo. Son una panda de imbéciles.
-¿Y cual es mi don? –La verdad es que me tenían muy intrigada.
-Eso es lo que debemos buscar… -Me guiñó un ojo. De repente me agarro del bazo & me estiro tan fuerte que caí sobre el.
-Shhh, tapate con esto. Viene el guardia para ver que no va nadie en el tren. –Me dio un manta marrón y nos tapamos los dos, había mucha tensión por si nos pillaban, Víctor, me miro y me sonrió.
-Eres muy guapa, ¿no crees? –Me rozó con un dedo la mejilla.
-Ya se ha ido, no lo oigo. –Dije, me destape. La verdad es que era un chico muy mono, pero no lo conocía de nada, además, soy una chica difícil.
- ¿Dónde vamos a dormir? O mejor, ¿Qué vamos a comer? –Estaba realmente preocupada, nunca en mis escapadas había llegado tan lejos, ahora iba enserio, me iba de casa.
-¿tu sabes de que es este tren? –Me pregunto Mirella. Destapo las sabanas que cubrían casi todas las cajas del vagón.
-Son latas de conserva de varias cosas, mira, Hay verduras variadas, fabada asturiana…
-No sigas, se me revuelve el estomago. –No me gustaba nada la comida en lata.
-Pues ves acostumbrándote, porque es lo que comemos. –Dijo Mirella entre risitas.
-¿Y dormir? –Levanto una sabana que había a la izquierda, debajo había un colchón.
-Tú y Víctor tendréis que dormir aquí, Nosotros dormimos en la otra esquina.
-¿¡COMO!? ¿Voy a tener que dormir con el? –Estaba alucinando, de los nervios.
-Si, vas a tener que dirimir conmigo, tampoco es que me haga ilusión, pero es lo que hay. –Me guiño un ojo y se cayó ya que el tren se había puesto en movimiento muy bruscamente. Le sonreí y le devolví el guiño. 

1#

-Tía, sáltate las clases conmigo, anda. –Me decía Anastasia. Es la típica amiga, que solo te necesita para sus problemas.
-No enserio tía, no puedo. –Decía yo mientras me sujetaba mi flequillo rubio.
-Venga, no me jodas...
-Bueno, vale, pero solo hoy.-No podía resistirme a sus ojitos de pena, lo malo es que hoy era el día de recuento de faltas en mi clase, y hoy llegaría una carta con mis faltas, pero bueno, da igual, de todas formas no me entendían.
La mañana paso bastante aburrida, ya que yo con Anastasia no me juntaba mucho, la verdad, es que no me juntaba con nadie en especial, mejor sola, que mal acompañada.

-¡Buenas!  -Lo dije felizmente sin saber lo que me esperaba.
-¡¿Buenas?! ¡¿BUENAS?! ¡¿Pero tu quien te crees que eres niñata?! –Eso solo fueron las primeras palabras de una paliza que me dio mi padre, yo creía que era sin fin, como otras muchas, pero esta era peor, me dejo marcas en la cara.
Me acosté en mi cama llorando, se me corría el rimel por toda la cama, había manchado mi almohada, pero me daba igual, yo lo que quería es que parara todo esto. Hasta hace poco no me hice a la idea de que mi padre me maltrataba, pero una paliza detrás de otra, era sospechoso, pero aun así, no me atrevía a contárselo a nadie, mas o menos porque no tenia en nadie en que confiar. Sin saberlo, me quedé dormida.

-Piiiip,Piiiiip,Piiiiiip.
-eem, como?, Las ocho y cuarto? ¡¡¡¡No llego, no llego!!! –Grité, cogí unos pantalones negros rotos por la rodilla y una camiseta rosa de leopardo, encima me puse mi cazadora de polipiel, y me maquille como pude mientras me lavaba los diente, sin haber desayunado.

-Ui, que es esto? – había un colgante de cuarzo blanco colgado del pomo de la puerta, era muy bonito así que me lo puse, sin preguntar de quien era y me fui.
La mañana transcurría bien hasta que llegó el imbecil de Héctor. Héctor era el graciosillo que se metía conmigo.
-Tu, tu, rarita tapón, sobras de esta clase, mas bien, del instituto.
-Los que sobran son los gilipollas como tu. –No me pude aguantar y se lo dije.
-Mira nena, no me vaciles, que porque te sientas especial no eres util en este mundo. ¡Suicídate ya! –Resonaban las risitas de sus amigotes. Eso me puso furiosa.
-Mira gilipollas, me dices una palabra mas y te juro que no vuelves a dirigirme la palabra en la vida de lo hecho polvo que te voy a dejar.
-Tu, tu, rarita, que tu súper collar de repente se ha puesto negro..
-Bruja, bruja! Jajajaja- Se oía por el fondo.
-¿Como? –me mire el collar y si, estaba negro. Me asuste mucho, ya que seguía pareciendo cuarzo.
-Rarita, ¿y esos moratones? ¿Te los haces a ti misma para hacerte guay?
-Eso me causo, no se como definirlo, pero me entraron ganas de llorar, recogí mis cosas y me marche de clase. No pensaba saltarme las clases, pero quería desconectar, entonces miré mi piedra y estaba un color azul celeste, ya lo entendía, era una piedra de esas que cambian de color según tu estado de ánimo. Guay. A los dos segundo empecé a oír muchas voces, voces de chicos y chicas, me asome y no había nadie hablando, estaba delirando, así que decidí saltar la valla. Al saltarla ya no se oían esas voces, si no otras diferentes, cuando pasaba un abuelo oía:
-Tengo que ir a por Manuel a la escuela, se me había olvidado…-O si pasaba una mujer joven oía:
-Tengo que ir a comprar verduras, que estoy a régimen.

-¡¡Callaros ya todos joder!! – Entonces se callaron, todos me miraban, pero me di cuenta que cuando oía esas voces nadie movía la boca. Estaba leyendo los pensamientos de la gente. Confusa, extrañada, no se como decirlo, me fui a casa, no había nadie, vacié la mochila y me llené la mochila de ropa y pinturas. No sabía que la mochila diera tanto de si. Entonces cogi la puerta y… Me encontré a mi padre, mierda, justo tenia que ser mi padre.
-¿Que haces aquí Carolina? –Mi nombre entero solo lo usaba para echarme la bronca, normalmente Carol. Pero me gustaba más Carolina, Carolina Heaven.
-Pues me encontraba mal y me he venido para casa. –Toma, ya decía yo que tardaba mucho, ya me había pegado una hostia antes de acabar la frase. Después de una mini-paliza, solo hostias de contestaciones o cuando no decía nada.
-Vete a tu cuarto. Y no te quiero ver más. –Tranquilo, que no me verás más. Eso es lo que me había dado ganas de decirle. Pero me calle, me encerré en mi habitación, abrí la ventana, y ya que vivía en un bajo, salté.
No se que hacia, no se adonde iba, no se donde iba a dormir ni que iba a comer.