Ya habían pasado varias horas, sin parar de caminar, además, hacia frió, llevaba tirantes, estaba tiritando. En el mismo segundo Axel y Víctor preguntaron al compás.
-¿Quieres mi chaqueta? – Les miré y me reí y vi como Víctor se había adelantado y se había quitado ya la chaqueta. No quería dejarlo mal, así que me puse su chaqueta. Al ponérmela sentí un calor que me puso la piel de gallina, pero aparte, un sentimiento me recorrió todo el cuerpo, un sentimiento, que si digo la verdad, nunca había sentido, comencé a pensar en todos esos días con Víctor, contados son pocos, pero muchos momentos. Sentía un vació en el pecho, como si me faltara algo; tenía una sonrisa tonta en la cara, y al acordarme todo lo que Víctor hizo por mí, los ojos se me inundaron. Casi se me derrama una lágrima por el ojo derecho cuando Víctor me dijo:
-¿Estas bien?
-Claro. –Respondí.-Con tu chaqueta mucho mejor. –Le miré y le dediqué una sonrisa. Mi sonrisa cambió a una cara de pánico, caí en la cuenta de esos sentimientos. ¿Me estaría enamorando? O ¿Ya lo estaba? Miré hacia Axel, para disimular, y mi cara no cambió, estaba con los ojos en blanco, y se calló al suelo. Cuando fuimos Víctor y yo a socorrerle abrió los ojos y dijo:
-¡Cuidado! –Detrás nuestro estaban unos miembros de los Hunters. Eran cinco, vestían igual que con los que nos encontramos la ultima vez. Unos vaqueros y una chaqueta de cuero. El hombre del medio parecía ser el jefe, tenía un aire de superioridad, era alto, pelo castaño, y perilla. Víctor me apartó, y me caí al suelo boca-abajo. En ese momento en el que se encaró Víctor, el Hunter del medio, empezó a hablar:
-Víctor, Axel, Nueva. Como ya sabéis, vendréis conmigo, a las buenas o a las malas. Bueno, Axel, tus eres de los nuestros, ayúdanos. –Víctor y yo nos miramos. Y le miramos a el. El tenía la misma cara de asombro, así que pregunté:
-¿Cómo?
-Sí, Axel, es de los nuestros, y ¿sabes porqué lleva unas fotos tuyas? Es tu hermano. Siento ser tan directo, pero intento que recuerde algo. Tu, eras muy pequeña cuando el se fue, tus padres lo entregaron, así que tu siempre creíste ser hija única. El, era uno de los nuestros, el más, por así decirlo. Le borramos la memoria varias veces, pero siempre se acordaba de ti. Así que optamos por borrarle toda la memoria, entera, y abandonarlo, colocando unas fotos tuyas en su cartera, a ver donde paraba la cosa, y el plan ha salido bien, como no.
Yo, no podía creérmelo, así que me quedé quieta, mirando al frente, sin pensar, sin moverme. Cuando me quise dar cuenta Víctor me había cogido en brazos y había salido corriendo, yo miré hacia atrás, y vi a Axel sangrando y todos los Hunters a su alrededor, deducí por mi sola que Víctor le había pegado para despistarlos, ya que los Hunters no querían perderle. Poco después llegamos a una estación de un pueblo, estaba medio abandonada, no había nadie, ni en los bares. Víctor seguía llevándome en brazos, buscó refugio, solo encontró un portal de una casa abandonada, en realidad, estaban casi todas abandonadas, nos tumbamos sobre una sabana que había, volví a sentir lo mismo que antes, cuando me dio su chaqueta, pero ese sentimiento se mezclaba con nostalgia de cómo habría sido mi vida con un hermano, Axel. Borré esos pensamientos de mi cabeza y me acerqué al pecho de Víctor, hacia frío y el me abrazó.
-Gracias… -Dije con un hilo de voz.
-No me las des, para eso estoy. –Nos miramos. Y junto a el, mis sentimientos ya estaban claros, por ahora. Fue la noche que mejor dormí.